martes, 15 de abril de 2014

El pavo real y la grulla



Un pavo real muy suprimido se acercó un día a una grulla que estaba tranquilamente picoteando en un prado. Y, tras observarla unos instantes, le dijo:
-No hay en el mundo nada tan hermoso como el abanico de plumas que forma mi cola. ¡Mira con atención y aprende!
Y abriendo todo lo que pudo sus plumas se paseó jactancioso ante la grulla.
-Reconozco- dijo esta- que eres mucho más hermoso que yo. ¿Qué le vamos a hacer? Sin embargo, aunque tus plumas son muy bellas, no te sirven para volar. En cambio, yo puedo elevarme velozmente hasta llegar a las nubes. ¡Mira, presumido!
Diciendo esto, la grulla voló con tanta majestad y gracia que el pavo quedó con la boca abierta y el moco caído.
-¿Para que te sirven tantas plumas, si no puedes volar con ellas? ¡Ja, ja, ja!- murmuró el ave alejándose.

Si no te quieres equivocar
a nadie debes despreciar.



domingo, 13 de abril de 2014

Cáncer en los niños

La Asociación Española Contra el Cáncer nos da información, cuentos, juegos y actividades para niños y jóvenes que les ayudan a sentirse mejor y entender lo que les está sucediendo. También los padres y profesionales disponen de información y estrategias prácticas.




www.aecc.es 

viernes, 11 de abril de 2014

El labrador y el tesoro escondido


Un anciano labrador, viendo próximo el fin de sus días, llamó a sus dos hijos junto a su cabecera, y les habló así:
-Hijos míos: antes de morir quiero dejaros por herencia mi campo, el cual repartiréis por igual. Deseo que lo sigáis cultivando, pues en él encontrareis un gran tesoro a un metro de profundidad.
Creyendo los hijos que se trataba de algún dinero enterrado por su padre, que siempre fue muy ahorrativo y previsor, cavaron toda la tierra del campo, palmo a palmo.
Extenuados por el cansancio, no hallaron tesoro alguno; pero la tierra, perfectamente removida y aireada, les proporcionó una copiosísima cosecha: ese era el tesoro, justa recompensa a su trabajo y sacrificios.

Si trabajas con firmeza
encontrarás tu recompensa.

El cojo y el ciego


Un cojo y un ciego llegaron hasta la orilla de un río que forzosamente debían cruzar, pero no encontraron un puente. Entonces, el cojo dijo a su compañero:
-Podríamos pasar, porque el río en esta parte no es muy profundo; pero a decir verdad, mis piernas no me lo permiten.
-Pues yo tengo buenas piernas- dijo el ciego- pero como no veo, puedo resbalar y ahogarme. ¿Qué podemos hacer?
El cojo tuvo una buena idea.
-Con tus piernas y mis ojos, ayudándonos mutuamente, pasaremos sin dificultad a la otra orilla.
En efecto: subió el cojo sobre los hombros al ciego, y así, guiando sus pasos y poquito a poco, cruzaron el río, y continuaron muy felices su camino.

Aprende a colaborar
y verás que bien te va.

El asno y el caballo


Seguidos por su amo, iban un asno y un caballo por un camino. El caballo no llevaba carga alguna, pero la del asno era tan pesada que el pobre apenas podía andar, por lo que rogó a su compañero que le ayudase a llevar parte de ella. El caballo, que era egoísta y comodón, no quiso prestar ayuda a su compañero, que jadeante y sin aliento, cayó sobre la arena del camino.
En vano intentó el amo aliviar el paso a su asno, porque desgraciadamente ya había muerto. Entonces colocó la carga sobre el caballo junto con la piel del asno. De esta manera, el caballo, que no había querido auxiliar a su compañero, se vio obligado a llevar toda la carga.

Todos debemos ayudar,
no ser egoístas y trabajar.

jueves, 10 de abril de 2014

Poesías variadas








El árbol mágico



Hace mucho, mucho tiempo, un niño paseaba por un prado en cuyo centro encontró un árbol con un cartel que decía: soy un árbol encantado, si dices las palabras mágicas, lo verás.
El niño trató de acertar el hechizo, y probó con abracadabra, tan-ta-ta-chán, supercalifragilisticoespialidoso y muchas otras, pero nada. Rendido, se tiró suplicante, diciendo: “¡¡por favor, arbolito!!”, y entonces, se abrió una gran puerta en el árbol. Todo estaba oscuro, menos un cartel que decía: “sigue haciendo magia”. Entonces el niño dijo “¡¡Gracias, arbolito!!”, y se encendió dentro del árbol una luz que alumbraba un camino hacia una gran montaña de juguetes y chocolate.
El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel árbol y tener la mejor fiesta del mundo, y por eso se dice siempre que “por favor” y “gracias”, son las palabras mágicas.